La Sierra de la capital de Ciudad Victoria —que sufrió un devastador incendio forestal— está lista para renacer. Desde el mes de noviembre, se iniciará con un ambicioso proyecto de reforestación, aprovechando la temporada de lluvias para devolverle el verde a las 3 mil hectáreas afectadas.
Daniel Peñaloza Medellín —director de SEDUMA (Recursos Naturales y Áreas Protegidas de la Secretaría de Desarrollo Urbano y Medio Ambiente)— anunció con entusiasmo que el Cañón del Novillo no tendrá que esperar 20 años, como ocurre en otros suelos, para comenzar su reforestación. La normativa general para el desarrollo forestal no prohíbe intervenciones en áreas quemadas antes de las dos décadas, pero el cambio de uso de suelo es lo que se intenta evitar.

Para iniciar la reforestación en Ciudad Victoria, se requiere un diagnóstico detallado y la disposición adecuada del material vegetal muerto; todos los troncos y vegetación quemada serán utilizados estratégicamente como una especie de barreras naturales para prevenir la erosión del suelo. Por medio de este enfoque, se asegura que la recuperación sea tanto ecológica como sostenible.
Dado que el Cañón del Novillo es un área natural protegida, no está permitido el cambio de uso del suelo. Toda la reforestación debe seguir normas biológicas estrictas. Al respecto, Peñaloza Medellín resaltó que se utilizarán exclusivamente especies nativas de la región. Para ello, se están construyendo dos viveros estratégicamente ubicados que facilitarán un proceso gradual y efectivo.
Este esfuerzo —además de buscar restaurar el paisaje— busca fomentar la biodiversidad y la salud ecológica del área; la elección de árboles y semillas nativas garantizará que el ecosistema se recupere de manera armoniosa y sostenible.
El proyecto promete rehabilitar el medio ambiente y fortalecer la relación de la comunidad con su entorno natural, ya que con cada árbol plantado, se siembra también un futuro más verde y saludable para todos. De esta manera, el Cañón del Novillo renacerá y también se convertirá en un símbolo —de resiliencia y esperanza— para Ciudad Victoria.






